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Maria Pugliese
PROLOGO DE
POESIA QUEBRADA
¿Ser poeta? Tal vez no quepa esta pregunta tan difícil de responder,
pero sí viene al caso un intento de respuesta: hacer poesía sólo es
mester de quien construya su vida a partir de esa necesidad, deuda que
únicamente puede saldar aquél que retuerce su conciencia si no cumple
con la obligación de testimoniar su tiempo, sus signos. Escribimos para
no matarnos, la primera y última causa, las otras son una mera excusa. Y
Carlos Barbarito es poeta.
A veces parece barnizarse de una angustia que lo empuja ojos adentro a
zambullirse en hambres, en luciérnagas, en alaque nos pertenecen. Va y
viene atravesando el dolor por el que pretende comprehender el cosmos.
Ese dolor lo quiebra, pero es fecundo y vuelve, siempre vuelve, semidiós
o insecto, creador o criatura, intento por arraigarse en suave hálito
amoroso y vital: respiración, ritmo, música, hablan de ello.
Golpean en su poesía, en él, cuatro elementos que lo delatan: el número,
la sangre, el hueso, la noche.
El número perfecto, inabarcable, combinado hasta el infinito, casi
eterno. La sangre que bulle y bulle en un ansia trágica de vida, se
despliega y es tinta en cada verso, corre y crece como savia entre los
huesos.
El hueso lo perfila, sostén y esencia.
En noches sin insomnios, Carlos sueña, cuece a fuego lento el barro del
silencio, sueña, y sobre todo, como nosotros, espera...
© Maria Pugliese,
Grand Bourg, Buenos Aires,
27 de febrero de 1984

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libro de visitas o
Carlos Barbarito
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