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Dolores Etchecopar
PROLOGO DE EL PESO DE LOS DIAS
Lo inexplicable se cumple como un rapidísimo roce de catástrofes que
precipita el habla del poeta. Quién sino él podría hablarnos con el
habla rota, un idioma que
incluye su propio derrumbe, la quebradura del saber, por donde fluye la
poesía: fuente tumbada? Carlos Barbarito entra al país oscuro, pastor de
palabras heridas, penetra al susurro de una memoria Devastada. En la
mudez esa roja mula avanza, acarrea la
piedra de los sueños, camina por el deslumbrante universo de la
oscuridad, hasta que empezamos a escuchar: el centro de una materia grave
y densa,/por siglos y naciones y mares amada. Todo decir se pierde en el
centro de esa materia
abandonada, expuesta al silencio enorme,incomprensible. Incertidumbre,
vacío, deslizamiento hacia lo abisal de los gestos humanos (miran con
ojos de corderos asustados \ la Gran lluvia del mundo). Instalados en el
simulacro de una vida ya perdida antes de suceder, cuál es esa luz en el
fondo de la noche aún invocada por los herederos del dolor, frágiles y
locos herederos de una promesa negada? Cavados por el tiempo, soplan el
panadero(1) de la muerte en la luz que no alcanza a iluminar toda la
palabra que los atraviesa, relámpago de amor que no salva, rezo del
poeta
que cuelga una palabra vertiginosamente sola en el hilo de la noche.
(1) (Arg.) Semilla
del diente de león.
©
Dolores
Etchecopar 1995.
Reactiones:
libro de visitas o
Carlos Barbarito

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